La Navidad desde el otro lado de la caja: la mirada de los voluntarios de los Bancos de Alimentos

En España, los 54 Bancos de Alimentos trabajan cada día para que los excedentes alimentarios lleguen a las entidades sociales que reparten comida entre las familias que más lo necesitan. Detrás de cada caja, cada palé y cada lote, hay personas que donan, personas que organizan y personas que voluntariamente ponen su tiempo al servicio de los demás. En Navidad, ese esfuerzo se multiplica.
En este artículo recogemos una entrevista coral con tres voluntarios de diferentes Bancos de Alimentos para entender cómo viven estas fechas, qué papel tienen los donantes y qué significa, de verdad, luchar contra el desperdicio alimentario desde dentro.

Estamos en plena campaña navideña. ¿Cómo es un día “normal” de voluntariado en estas fechas?

María: Lo primero es que ya no existe el “día normal” (ríe). En Navidad todo se multiplica: llamadas, donaciones, palés, cajas… Llegamos temprano, revisamos qué ha entrado de la Gran Recogida, de empresas donantes y de las últimas campañas. Se clasifica por tipo de producto, se comprueba la fecha de caducidad, el estado de los envases, y se separa lo que va para las entidades sociales: comedores, parroquias, asociaciones de barrio, recursos municipales…
A veces no paras ni un minuto, pero cuando ves salir la furgoneta cargada piensas: “Vale, hoy habrá cena en muchas casas”.

José: En nuestro caso, el almacén es un hormiguero. Unos descargan camiones, otros clasifican, otros meten datos en el ordenador para saber qué entra y qué sale. En Navidad hay más producto “especial”: turrones, conservas de mejor calidad, algo de embutido, dulces… Intentamos que el lote de estas fechas no sea solo “llenar el estómago”, sino que también tenga un pequeño toque de celebración.

Lucía: Yo suelo estar en la parte de clasificación «fina» pero que es muy importante: ver qué va a cada tipo de entidad. No es lo mismo un recurso que atiende a familias con niños que un comedor social para personas sin hogar. Detrás de cada caja hay una decisión: a quién ayudará más ese lote, cómo lo repartimos para llegar a todo el mundo. Ese es el trabajo silencioso que casi nadie ve pero que es muy importante.

María, voluntaria de Banco de Alimentos
Con todo lo que podríais estar haciendo con vuestro tiempo libre, ¿por qué elegís colaborar con los Bancos de Alimentos?

Lucía: En mi caso fue muy sencillo: me di cuenta de que el desperdicio alimentario me dolía. Ver comida en buen estado que acaba en la basura, sabiendo que hay familias contando céntimos para llegar a fin de mes, me parecía una incoherencia brutal. Aquí sientes que estás justo en medio de esa contradicción, intentando que la balanza se incline hacia el lado correcto.

José: Yo empecé ayudando en una Gran Recogida como algo puntual, “un finde y ya está”. Pero me tocó ver la otra parte: las entidades viniendo a recoger alimentos, los agradecimientos, las historias personales. Te das cuenta de que no son números, son personas con nombres, con trabajos perdidos, con alquileres que no llegan. Me enganchó esa sensación de estar poniendo un pequeño freno a una injusticia.

María: Para mí tiene mucho que ver con mi propia historia. Hubo una época en la que en casa también hicimos muchos números para llegar a fin de mes. Nunca nos faltó comida, pero sé lo que es mirar los precios con miedo. Cuando vengo al Banco de Alimentos siento que, de alguna forma, compenso un poco aquella angustia que viví de pequeña, ayudando a que otros no la sufran.

¿Cómo se vive la Navidad desde el almacén de un Banco de Alimentos?

María: Es una mezcla rara: por un lado emoción, por otro cierta tristeza. Emoción porque ves un aumento increíble de solidaridad: colegios, empresas, supermercados, particulares… Pero al mismo tiempo eres muy consciente de por qué estás aquí: porque hay familias que no pueden llenar la nevera sin esta ayuda.

José: Aquí la Navidad huele a cartón, a plástico de palé… y a humanidad. Te falta tiempo para pensar en tus propias compras navideñas, pero te sobra para compartir cafés rápidos con otros voluntarios y comentar: “¿Has visto lo que ha entrado hoy? Con esto vamos a poder ayudar a mucha más gente”.

Lucía: También hay pequeños momentos que parecen tonterías, pero no lo son: cuando entre los productos aparecen unos polvorones o una tableta de chocolate “buena” y alguien dice: “Esto, seguro que a los peques les hace ilusión”. A mí se me pone un nudo en la garganta cuando pienso que, gracias a esa caja, una niña podrá tener su trocito de “Navidad normal”.

Hablemos de los donantes. ¿Qué os gustaría decirles a quienes colaboran con los Bancos de Alimentos, especialmente en estas fechas?

María: Yo les daría las gracias una por una, de verdad. A la persona que aporta un kilo de pasta, a la que dona una tarjeta económica, a la empresa que decide organizar una recogida interna, a la cadena de supermercados que participa cada año. Sin ellos, los voluntarios solo tendríamos estanterías vacías y buena voluntad.

José: Que lo que ponen en la cesta no es un “producto”, es tiempo de tranquilidad para una familia. Un litro de leche menos en tu carro quizá no lo notas en tu compra, pero para otra familia es desayuno para varios días.
 Y a las empresas les diría que donar excedentes no es solo un gesto solidario, es un acto de responsabilidad. Evitan que alimentos aprovechables acaben en la basura y, al mismo tiempo, sostienen proyectos sociales.

Lucía: Y añadiría algo: la donación no es solo “comida”. Es un mensaje. Cuando alguien recibe un lote, detrás hay muchas personas que no conoce diciendo: “No estás solo”. En un momento de la vida en que todo parece inestable, esa sensación de comunidad vale casi tanto como la propia caja de alimentos.

¿Recordáis alguna escena concreta que se os haya quedado grabada?

María: Yo pienso en una señora mayor de una entidad con la que trabajamos. Un día nos dijo: “No sabéis el alivio que siento cuando vengo a por el lote. No solo es comida, es saber que esta semana mis nietos no se irán a la cama con hambre”.
 Eso te recoloca todas las prioridades de golpe.

José: En mi caso, más que una escena concreta es un patrón: cada vez que alguien viene a agradecer, casi siempre empieza diciendo: “Me da vergüenza pedir ayuda, pero…”. Y ahí te das cuenta de lo importante que es que el sistema funcione con respeto, sin juicios. Aquí nunca preguntamos “por qué estás así”, sino “cómo podemos ayudarte”.

Lucía: Recuerdo una vez que vino una trabajadora social a recoger alimentos para varias familias. Traía una nota escrita por uno de los críos de una de esas familias que decía: “Gracias por traernos comida rica”. Era una hoja de cuaderno, con letra infantil y un sol dibujado. La tenemos todavía colgada en el almacén.

Lucía, voluntaria de Bancos de Alimentos
Los Bancos de Alimentos funcionan gracias a la suma de donantes, entidades receptoras y también voluntarios. ¿Cómo describiríais el papel del voluntariado?

María: Somos un poco el “puente físico” entre la generosidad y la necesidad. El donante aporta el producto, las entidades conocen a las familias, pero alguien tiene que abrir el almacén, recibir los palés, moverlos, clasificarlos, preparar los lotes, cargarlos en la furgoneta… Esa es la parte que hacemos los voluntarios.

José: También somos experiencia. Yo llevo haciendo esta gestión desde 2018, pero conozco a gente que lleva 30 años aquí. Sabemos qué entidades funcionan de determinada manera, qué tipo de producto necesitan, cómo ha cambiado la demanda. Cuando llevas tiempo aquí, te das cuenta de que el voluntario es una pieza clave para que todo sea ágil y se desperdicien menos alimentos.

Lucía: Y somos, sobre todo, presencia. Estar. Escuchar. Compartir un café a media mañana con otros voluntarios que quizá también están viviendo momentos complicados en su vida personal. El voluntariado tiene esa doble cara: ayudas, pero también te ayuda.

En los últimos años han surgido herramientas como PlanB, que ayudan a mejorar la trazabilidad y la gestión de donaciones. ¿Cómo vivís desde dentro la incorporación de estas soluciones?

María: Y también ayuda a algo que a veces no se ve: la transparencia. Poder decirle a una empresa donante o a una administración pública “estos productos que nos disteis han llegado aquí, a estas entidades, en estas fechas” genera confianza. Y sin confianza, la cadena de solidaridad se rompe.

Lucía: Para nosotros, cualquier herramienta que permita saber mejor qué entra, qué sale y a dónde va, es una buena noticia. Reduce errores, evita que productos caduquen en una estantería por falta de información y facilita explicar al donante qué impacto tiene realmente su aportación.

José: A mí me parece importante algo: la tecnología no sustituye al voluntario, lo refuerza. Si yo tengo datos claros, organizados, puedo dedicar más tiempo a lo que realmente necesito hacer: preparar bien los lotes, coordinar con las entidades, optimizar rutas… Menos papeles, más impacto.

Si pudierais pedir un deseo navideño relacionado con vuestro trabajo en el Banco de Alimentos, ¿Cuál sería?

María: Ojalá no hicieran falta los Bancos de Alimentos. Sé que suena extraño dicho por una voluntaria, pero ese sería el mejor indicador de que algo se ha arreglado en nuestra sociedad.

José: Mientras eso llega, yo pediría estabilidad. Saber que vamos a seguir contando con donantes, con voluntarios, con apoyo institucional. El hambre no entiende de crisis, pero las donaciones, a veces sí.

Lucía: Yo pediría que la gente no se acordara solo en Navidad. El hambre no tiene calendario. Las familias también comen en febrero, en mayo y en septiembre. La solidaridad de diciembre es maravillosa, pero si conseguimos repartirla un poco por todo el año, llegaremos mucho más lejos.

Cerrar el círculo: donantes, voluntariado y el papel de PlanB

Detrás de cada lote de alimentos que sale de un Banco de Alimentos hay una cadena silenciosa hecha de:

  • Empresas y supermercados que donan excedentes y organizan campañas.
  • Personas anónimas que añaden uno o varios productos en una recogida.
  • Voluntarios que convierten toneladas de comida en cajas con sentido y destino.
  • Entidades sociales que conocen, acompañan y sostienen a las familias.

En estas fechas, desde PlanB nos unimos a ese agradecimiento doble:

  • Gracias a quienes donan, porque convierten su gesto en dignidad y tranquilidad para miles de hogares.
  • Gracias a los voluntarios y voluntarias, que ponen el cuerpo, el tiempo y el corazón para que ni un kilo de comida aprovechable se quede sin llegar a quien lo necesita.

Y, si estás leyendo esto, quizá el próximo eslabón de esta cadena seas tú: como donante, como empresa, como institución… o como voluntario.

Porque la Navidad también se escribe en las etiquetas de las cajas, en los chalecos de los voluntarios y en la tranquilidad de una familia que, gracias a todos ellos, hoy sí puede poner la mesa.

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